Descripción
Una pasta sencilla, reconfortante y muy apetecible, con una salsa de tomate suave, queso fundido y el punto cremoso justo. Las conchas funcionan especialmente bien porque atrapan la salsa en su interior y hacen que cada bocado quede más jugoso. Para que salga perfecta, cocina primero la cebolla hasta que esté tierna y deja que el tomate reduzca un poco antes de añadir la pasta. Empieza con 300 mililitros de agua caliente y agrega más solo si las conchas siguen firmes: así controlarás mejor la textura y evitarás una salsa aguada. Cuando la pasta esté al dente, baja el fuego antes de incorporar la leche y el queso. No dejes que hierva con fuerza, porque el queso puede separarse y perder cremosidad. La señal correcta es una salsa brillante que cubra la pasta y se acumule ligeramente dentro de las conchas. Puedes utilizar gouda, emmental, cheddar suave o una mezcla con mozzarella rallada para cocinar. La mozzarella fresca no es la mejor opción porque libera más agua. Para un sabor más intenso, añade un poco de parmesano al final; si el tomate está muy ácido, bastará una pizca pequeña de azúcar. Se conserva hasta 2 días en la nevera, dentro de un recipiente cerrado. Para recalentarla, añade una cucharada de leche o agua y calienta a fuego suave, removiendo hasta recuperar la textura cremosa. Una receta ideal para una comida rápida entre semana, pero con ese acabado de queso fundido que hace que parezca mucho más especial.