Descripción
Una receta de esas que parecen de restaurante, pero se hacen casi solas. Este feta dorado con tomates cherry, miel y orégano queda salado, jugoso, aromático y con ese punto dulce que lo cambia todo. El queso no se derrite como una mozzarella: se calienta, se ablanda y queda cremoso por dentro, mientras los tomates se asan alrededor y sueltan todo su jugo. La clave está en no añadir sal al principio, porque el feta ya tiene bastante. Solo necesitas aceite de oliva, pimienta, orégano y horno fuerte para que los tomates revienten y el queso coja ese toque dorado. Al final, la miel, la ralladura de limón y las hierbas frescas hacen que pase de receta básica a plato premium. Sírvelo caliente con pan tostado, crackers o pan pita y ve rompiendo el feta para mezclarlo con los tomates y el jugo de la fuente. Perfecto como cena rápida, entrante, picoteo bonito o receta para compartir sin complicarte. Guárdalo porque en 20 minutos tienes un plato fácil, vistoso y con muchísimo sabor.