Descripción
Una cena cálida y completa que combina pollo bien dorado, tomates cherry jugosos, mozzarella fundida y pesto fresco. Se prepara en una sola sartén y en unos 25 minutos, pero tiene el aspecto y el sabor de un plato mucho más elaborado. Para que el pollo quede jugoso, utiliza filetes de grosor parecido y sécalos bien antes de salpimentarlos. Dóralos a fuego medio-alto sin moverlos durante los primeros minutos: así desarrollarán una superficie tostada sin perder humedad. Estarán listos cuando el centro alcance 74 °C o al cortarlos no quede ninguna zona rosada. Cuando añadas el ajo y los tomates, baja ligeramente el fuego. El ajo debe perfumar el aceite sin llegar a oscurecerse, mientras los tomates se ablandan y algunos empiezan a abrirse. Si la sartén queda demasiado seca, incorpora dos cucharadas de agua y remueve suavemente para recuperar todos los jugos del fondo. Escurre y seca la mozzarella antes de repartirla sobre el pollo. Este pequeño gesto evita que libere demasiada agua y diluya la salsa. Tapa la sartén solo hasta que el queso se funda; si no tienes tapa, puedes utilizar una bandeja metálica, otra sartén invertida o papel de aluminio bien ajustado. El pesto se añade siempre con el fuego apagado. Así conserva mejor su color, su aroma a albahaca y el sabor del aceite de oliva. Si utilizas un pesto muy espeso, mézclalo previamente con una cucharadita de aceite o con un poco del jugo caliente de la sartén. Datos prácticos: 2 raciones · 10 minutos de preparación · 15 minutos de cocción · dificultad fácil · utensilio clave: sartén amplia con tapa. Alérgenos: leche y frutos secos, según el pesto utilizado. Puedes sustituir la pechuga por contramuslos deshuesados, aumentando ligeramente el tiempo de cocción. Para una opción sin frutos secos, utiliza un pesto específico sin frutos secos o prepara una mezcla de albahaca, aceite de oliva, ajo y queso curado. Sírvelo con pan tostado para aprovechar la salsa, patatas pequeñas, pasta corta o una ensalada verde. Se conserva hasta 2 días en el frigorífico; recaliéntalo tapado y a fuego suave para que el pollo no se reseque. No es la mejor receta para congelar, ya que el tomate y la mozzarella pierden textura. Una cena de domingo sencilla, reconfortante y con ese acabado italiano que convierte pocos ingredientes en un plato especial.