Descripción
Pan, queso, huevo y sartén. Nada más. Una receta de esas que salvan una cena, una merienda salada o un antojo rápido cuando parece que no tienes nada en casa. La clave está en pasar el pan por una mezcla ligera de huevo y leche, sin empaparlo demasiado, para que quede dorado por fuera y jugoso por dentro. Después, solo necesitas cocinarlo a fuego medio con un poco de mantequilla o aceite hasta que el queso se funda y el pan coja ese color perfecto. Queda caliente, sencilla, barata y tremendamente apetecible. Lo mejor es cortarla justo al final, cuando el queso todavía está fundente y sale del centro. Guárdala porque esta es de las que se hacen con cosas básicas y acaban pareciendo mucho más especiales de lo que son.